Dicen que la inspiración te debe pillar trabajando. En
eso estoy, a ver si me viene la inspiración y os cuento algo que os interese.
Acabo de hacer un viaje en tren, yo sola. Mi destino: Madrid. Mi objetivo una
consulta médica.
Pero no es eso lo que voy a contaros.
A mi lado se sentó una señora rubia y sonriente, más
joven que yo y muy locuaz. Enseguida empezó a hablar de mil cosas. Anécdota
tras anécdota, cada una más divertida que la otra. Yo estaba encantada, pues el
tedio de un viaje se evaporaba con su conversación.
Lo malo es que las anécdotas divertidas se acabaron y
empezaron las dramáticas, incluso las trágicas.
De estas últimas hubo una que me impresionó. Una amiga
suya llamada Mari Cuadrado, cuando su padre fue detenido por comprar oro
robado, salvó de la tienda lo que pudo, sobre todo piezas menudas, ya que la
mayor parte de los artículos tuvieron que ser tasados y subastados para pagar
la multa administrativa a la que se enfrentaba, además de tasas judiciales y
abogados.
El caso es que Mari, empezó a vender, con mucha
discreción entre las amigas de sus amigas las pulseras, sortijas, cadenas de
oro que había podido poner a salvo.
Entre esas amigas de amigas, se topó con una que le quiso
hacer el “trece-catorce”. Entendedme: aprovecharse de ella y de las
circunstancias y no pagarle.
Como Mari necesitaba el dinero, pues las cosas estaban
mal y no iban a mejorar, la apremió en varias ocasiones. Primero y muchas veces,
por las buenas. La compradora remisa le ponía excusas y le daba largas.
Mari empezó a cansarse de tanta excusa y la amenazó con
contárselo a la amiga que las había presentado. De amiga a amiga y tiro porque
me toca, eso suponía que se iba a enterar todo el pueblo.
Ante esa idea, la compradora deudora de cuyo nombre no me
acuerdo, se citó con Mari en un parque para pagarla. Mari, que ya lo daba
perdido, nunca volvió de su asombro. Como estaba sentada en un banco, no la vio
venir.
La compradora deudora la cogió del pelo desde atrás y con
habilidad asombrosa la degolló. Como si se hubiera dedicado a ello toda su vida.
Menos mal que ya llegábamos a Madrid y aquí se acabaron
las historias de mi compañera de asiento.
También dicen el trabajo de escribir es un 10% inspiración y un 90% sudor. Así terminé yo ese viaje.
¡Ufffff! ¡Qué mal rato!
ola bom didaaa.
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