miércoles, 15 de mayo de 2024

Reencuentro

 Hola, después de muchos años vuelvo a este reencuentro...¿conmigo misma? o con quien esté ahí, no  importa.
Sí, quiero comunicaros lo que hago y lo que me gusta. Realzar mis buenos pensamientos y experiencias. Lo que ocurre en mi cercanía, lo que siento en determinadas circunstancias. Por supuesto nada importante, puede que a nadie le interese, pero yo lo quiero dejar escrito.

sábado, 10 de septiembre de 2016

¡Qué mal rato!



Dicen que la inspiración te debe pillar trabajando.  En eso estoy, a ver si me viene la inspiración y os cuento algo que os interese. Acabo de hacer un viaje en tren, yo sola. Mi destino: Madrid. Mi objetivo una consulta médica. 
Pero no es eso lo que voy a contaros.

A mi lado se sentó una señora rubia y sonriente, más joven que yo y muy locuaz. Enseguida empezó a hablar de mil cosas. Anécdota tras anécdota, cada una más divertida que la otra. Yo estaba encantada, pues el tedio de un viaje se evaporaba con su conversación.

Lo malo es que las anécdotas divertidas se acabaron y empezaron las dramáticas, incluso las trágicas.

De estas últimas hubo una que me impresionó. Una amiga suya llamada Mari Cuadrado, cuando su padre fue detenido por comprar oro robado, salvó de la tienda lo que pudo, sobre todo piezas menudas, ya que la mayor parte de los artículos tuvieron que ser tasados y subastados para pagar la multa administrativa a la que se enfrentaba, además de tasas judiciales y abogados.

El caso es que Mari, empezó a vender, con mucha discreción entre las amigas de sus amigas las pulseras, sortijas, cadenas de oro que había podido poner a salvo.

Entre esas amigas de amigas, se topó con una que le quiso hacer el “trece-catorce”. Entendedme: aprovecharse de ella y de las circunstancias y no pagarle.

Como Mari necesitaba el dinero, pues las cosas estaban mal y no iban a mejorar, la apremió en varias ocasiones. Primero y muchas veces, por las buenas. La compradora remisa le ponía excusas y le daba largas.

Mari empezó a cansarse de tanta excusa y la amenazó con contárselo a la amiga que las había presentado. De amiga a amiga y tiro porque me toca, eso suponía que se iba a enterar todo el pueblo.

Ante esa idea, la compradora deudora de cuyo nombre no me acuerdo, se citó con Mari en un parque para pagarla. Mari, que ya lo daba perdido, nunca volvió de su asombro. Como estaba sentada en un banco, no la vio venir.

La compradora deudora la cogió del pelo desde atrás y con habilidad asombrosa la degolló. Como si se hubiera dedicado a ello toda su vida.

Menos mal que ya llegábamos a Madrid y aquí se acabaron las historias de mi compañera de asiento.
También dicen el trabajo de escribir es un 10% inspiración y un 90% sudor. Así terminé yo ese viaje.

¡Ufffff! ¡Qué mal rato!

Necesito

Sí, necesito despegarme de este suelo de lodo que me aprisiona, me entorpece, me irrita y me anula.
Quiero ser algo más que una figura quieta, quiero levantarme, salir de aquí, salir de ti, salir de mí.
Volar, ver desde arriba lo que me interesa y hacerlo mío. Que me inunde, que me llene, que me haga visible pero de otra manera.
Como una mariposa, quiero dejar el capullo que me aprisiona. Aunque sea efímera su existencia, es más bella que el capullo y que el gusano.
Yo quiero ser la mariposa, porque es más bella, porque es más ágil, porque da vida, no se arrastra, ni se queda dormida. Puede posarse en la flor que ella elija.
Yo tembién quiero elegir. Que me dejen recorrer mi breve ciclo vital.
Que no me claven con un alfiler en una cartulina negra.

jueves, 25 de agosto de 2016

Un viaje en familia

Un viaje en familia, pequeña por una parte y muy numerosa por otra. Programado con mucho tiempo de antelación, el viaje a Granada para ver el espectáculo  flamenco presentado por el Ballet de Andalucía en los Jardines del Generalife, se presentaba con tintes muy ilusionantes a la vez que temerosos.
La pequeña familia la constituíamos mi hijo mayor con su mujer y mis dos nietos de 11 y 13 años, mi pareja y yo.
La familia más grande todos los que nos acompañaban en el autobús, o sea un grupo de amigos y un montón de conocidos.
Los temores: el calor que ibamos a pasar pues era uno de los días más calurosos de verano, el cansancio que se puede acumular al pasar tantas horas fuera de casa, con la vuelta de madrugada  y que los niños no aguantaran el espectáculo.
Todo eso tuvo su versión más favolable y amable, el espectáculo resultó maravilloso y a los niños les encantó.
Un viaje bien organizado y una buen comportamiento de los viajeros que fueron educados, amistosos, entusiastas, ¿qué más se puede pedir?
Resultado de imagen para espectaculo flamenco
Uno de los bailes con arte en mover el mantón
El espectáculo, basado en las obras de Lorca, tanto de poesía como de música, fueron magistralmente interpretados tanto por los bailarines, como por los que se dedican al cante, al toque y al "jaleo". También el equipo técnico de sonido fue un actor de esos que brillan por su ausencia. Es decir, nadie tuvo un desajuste, todo estuvo en su punto.

El cansancio de la vuelta era algo esperado y aceptado por todos. Afortunadamente, los nietos se durmieron. Llegados a nuestro destino, ya de madrugada, cada uno se las ingenió para volver a su casa como mejor supo y pudo.
Y aquí es donde la estrategia y la logística fallaron en nuestra pequeña familia. No os cuento los pormenores, no quiero cansaros (es que al recordarlos, me entra un agobio...!) El caso es, señoras y señores que yo me encontré en un descampado, sola, "perduta e abandonata", mientras un montón de coches/taxis salían en todas direcciones.
Resultado de imagen para mujer abandonada en descampado
Descampado

Una tiene sus recursos y a estas alturas de la vida no me pongo a llorar ni por eso ni por nada. Volví a mi casa en un taxi y me encuentro a mi pareja y a mi hijo que me estaban esperando, con diferente actitud, por cierto. Mientras mi pareja se disculpaba, mi hijo me increpaba.
¡Ah, no! ¡Eso, no! Puedo disculpar vuestro despiste, pero no pienso cargar con una mochila de responsabilidad que no me corresponde, para que alguién duerma tranquilo.
Lo dije en voz alta, creo que me oyó hasta el taxista. ¡No vaya a ser, oyessssss!


Convento de Santa Isabel y palacio de Dar al Horra en el Albaicín, Granada

En Granada, en junio de 2012, subimos al Albaicín, bajo un sol que derretía las piedras, o al menos eso me parecía a mí que veía espejismos, como los que se pierden en pleno desierto. Una vez en la sombra, comprobé que las piedras estaban en su sitio. Así lo demostraba el Monasterio de Santa Isabel la Real, que visitamos acompañados de un guía, erudito y sensible. También lo éramos el grupo al que guiaba, que no nos perdiamos ni un ápice de sus explicaciones. Y de hecho os cuento un extracto de lo que recuerdo.
Mandado construir por Isabel La Católica poco después de la conquista de la ciudad, todavía está ocupado por una comunidad de monjas de clausura.
Los terrenos que ocupa el Monasterio, los obtuvo Fernando de Zafra despues de la conquista. Cesión que le hicieron los Reyes como agradecimiento a sus buenos servicios.
Fernando de Zafra, de origen plebeyo, y que había sido secretario de los Reyes Católicos  desde 1488,  obtuvo la propiedad  del palacio de Dar Al Horra y de los terrenos anexos a éste,  como premio a sus buenos servicios.  Terrenos que cedió a la Reina, así como el palacio de la madre de Boadil. Mientras se edificaba el convento sobre los terrenos cedidos, la comunidad de monjas franciscanas ocupó el palacio.
 Lo malo es que sin el más mínimo respeto las monjas hicieron de su capa un sayo, nunca mejor dicho y si no hubiera sido por las restauraciones que se iniciaron ya en el siglo XIX, hoy no quedría nada de ese palacio.
Una de las barbaridades de las monjitas fue dividir parte de los salones nazaríes en dos alturas y acondicionarlo como viviendas pequeñas para alquilar. Se cargaron esas yeserías únicas parecidas a las que se pueden contemplar en la Alhambra.
Os muestro una foto de las vigas nazaríes, una de las pocas muestras originales que quedan en este palacio. La talla de la madera y la policromía son como una reliquia de aquel pasado esplendor.


Del convento podríamos hablar mucho y bien, de su artístico trazado y su belleza, pero lo que más me impresionó fue el techo mudéjar del presbiterio y la majestuosidad de la escalinata que asciende a dicho presbiterio.


Parte del techo mozárabe
Escalinata hacia el altar mayor

El monasterio de Santa Isabel la Real es el monumento más importante del Albaicín en el que destaca su portada trazada por Enrique de Egas en estilo gótico flamígero, en la que podemos observar los emblemas del Yugo y las Flechas de los Reyes Católicos . En contraposición su campanario es de estilo morisco. 
En todo el conjunto se nota que la mano de obra, los alarifes, era morisca.

Portada de la capilla de estilo Isabelino y torre mprisca

Conquistada Granada por los Reyes Católicos, Fernando de Zafra, de origen plebeyo, adquiere fama y fortunas tras su intervención en las capitulaciones para la entrega de la ciudad. Para premiar la lealtad de su secretario, le concedieron el señorio de Castril. Además de terrenos y palacios ya citados, también los Baños Árabes que se llamaron posteriormente, de Zafra. El nieto de Fernando de Zafra construyó el Palacio de Castril, que hoy es el Museo Arqueológico, aprovechando el permiso que los Reyes Católicos concedieron a su abuelo, para que construyera una casa mirando a la Alhambra.



Escudo de la familia de los Zafra


viernes, 19 de agosto de 2016

Un día completo



Resultado de imagen de imagenes de obras de construccion

Hay días que salen gafados y como suele decirse es mejor no salir de casa. Pero, ¿cómo saberlo? Aunque lo intuyas, (que yo a veces lo intuyo) te sientes obligado a salir, porque tienes una cita con el dentista, porque has quedado con unos amigos, en fin los motivos son innumerables y no puedes eludirlos todos.
¿Y por qué os cuento esto? Pues precisamente porque ayer fue uno de esos días: Mi marido se ofrece muy cariñoso a llevarme a la consulta del odontólogo y acepto, aunque no era necesario, pero convenimos en que cuando saliera comeríamos juntos. ¡Vale, muy bien! Así llegamos a casa tan contentos a echarnos la siesta.
Llegamos al centro y como pececitos detrás de un apetecible gusano nos metemos en una trampa que los responsables de la circulación madrileña, aprovechando la confusión producida por las obras del metro, nos tenían preparada. A nosotros y a muchos coches más.
Justo por esa estrecha senda entre muretes a rayas rojas y blancas solo se permitía pasar a autobuses y taxis. Y vamos nosotros y nos metemos allí, donde nos esperaban unos guardias municipales que ahora se llaman de movilidad, pero a los que siempre se les ha llamado hijos de la grandísima, sin andarse con eufemismos.
Como llegaba la hora de la consulta, me bajo del coche y dejo a mi querido esposo en manos de los “guripas” que libreta en mano se disponían a sacarle la pasta en un “pis pás”. Confieso que hui de la escena del crimen sin remordimientos.
Cuando nos reunimos para comer en un restaurante conocido, su cabreo era auténtico pero sordo y mudo: me ahorró los detalles y pasamos a hablar de otros temas. ¡Todo un caballero!
La comida, entre otras virtudes, tiene la de aplacar los ánimos y así distrajo nuestra mente y nos disponíamos a marchar a casa y disfrutar de la siesta, cuando otra vez las obras del metro se cebaron con nosotros. Guiados por los dichosos muretes de listas rojas y blancas nos metimos por un sitio, no prohibido pero sí inadecuado. De tal forma que la corriente nos llevó, sin posibilidad de enmienda, desde el centro de Madrid a la inmediaciones de la Universidad o sea al culo del mundo. Para volver fue toda una odisea, pero al fin llegamos.
¡Oh, qué bien se está en casa! Si hija sí, pero hemos quedado para ir a una conferencia de la Asociación Cultural de Pozuelo de Alarcón y por respeto y cariño al conferenciante no podemos faltar.
Mejor que salgamos de día porque ese sitio, es muy complicado de encontrar. Bien, pues vamos, salgamos de día. (la siesta a tomar vientos).
Salimos de día, emprendimos el camino, preguntamos dos o tres veces en las gasolineras, se nos hizo de noche, nos encontramos en la sierra de Madrid, donde si se nos hubiera ocurrido salir del coche seguro que nos atacan los lobos. Volvimos a preguntar, nos hacen volver por donde habíamos venido, vemos el letrero indicativo. ¡Al fin! Pero hay otro letrero: “Carretera cerrada por obras” ¡Maldita sea lá”Resultado de imagen de caminos tortuosos
Ya sin saber a dónde íbamos, continuamos la marcha y nos encontramos a las puertas del Centro Psiquiátrico. ¿Cómo habíamos llegado allí? Lo ignoro Ganas me dieron de decir que habíamos visto a los extraterrestres, para que nos dejaran pasar  allí la noche. 
 Resultado de imagen de Psiquiatricos
Pero me contuvo mi amante esposo que con más lucidez que yo, avistó un taxi y le preguntó por el camino hacia nuestra querida Asociación Cultural. (Nunca fue tan cierto lo de que la cultura es tortura)
El taxista, muy amable le fue indicando que llegaría a una primera rotonda y debería girar a la izquierda. Luego a una segunda rotonda y girar a la derecha, luego a otra y seguir de frente, luego llegar a un rio y pasar por debajo…
Yo había agotado las lenguas muertas para jurar: o sea, en hebreo, en arameo, en sanscrito… No sabía si seguir con las lenguas vivas o echarme a llorar directamente.
Mi pareja querida encontró la mejor y la única solución si queríamos llegar vivos a nuestro destino. Le pidió al taxista que fuera delante de nosotros y nos dejara a las puertas de la sala de conferencias de la Asociación Cultural; lo que hizo tras un largo recorrido por sitios irreconocibles y mediante un pago razonable. 
Yo le hubiera dado un beso en los morros, de verdad, si él se hubiera dejado.