En Granada, en junio de 2012, subimos al Albaicín, bajo un sol que derretía las piedras, o al menos eso me parecía a mí que veía espejismos, como los que se pierden en pleno desierto. Una vez en la sombra, comprobé que las piedras estaban en su sitio. Así lo demostraba el Monasterio de Santa Isabel la Real, que visitamos acompañados de un guía, erudito y sensible. También lo éramos el grupo al que guiaba, que no nos perdiamos ni un ápice de sus explicaciones. Y de hecho os cuento un extracto de lo que recuerdo.
Mandado construir por Isabel La Católica poco después de la conquista de la ciudad, todavía está ocupado por una comunidad de monjas de clausura.
Los terrenos que ocupa el Monasterio, los obtuvo Fernando de Zafra despues de la conquista. Cesión que le hicieron los Reyes como agradecimiento a sus buenos servicios.
Mandado construir por Isabel La Católica poco después de la conquista de la ciudad, todavía está ocupado por una comunidad de monjas de clausura.
Los terrenos que ocupa el Monasterio, los obtuvo Fernando de Zafra despues de la conquista. Cesión que le hicieron los Reyes como agradecimiento a sus buenos servicios.
Fernando de Zafra, de origen plebeyo, y que había sido secretario de los Reyes Católicos desde 1488, obtuvo la propiedad del palacio de Dar Al Horra y de los terrenos anexos a éste, como premio a sus buenos servicios. Terrenos que cedió a la Reina, así como el palacio de la madre de Boadil. Mientras se edificaba el convento sobre los terrenos cedidos, la comunidad de monjas franciscanas ocupó el palacio.
Lo malo es que sin el más mínimo respeto las monjas hicieron de
su capa un sayo, nunca mejor dicho y si no hubiera sido por las
restauraciones que se iniciaron ya en el siglo XIX, hoy no quedría nada
de ese palacio.
Una de las barbaridades de las monjitas fue
dividir parte de los salones nazaríes en dos alturas y acondicionarlo
como viviendas pequeñas para alquilar. Se cargaron esas yeserías únicas
parecidas a las que se pueden contemplar en la Alhambra.
Os muestro una foto de las vigas nazaríes, una de las pocas muestras
originales que quedan en este palacio. La talla de la madera y la
policromía son como una reliquia de aquel pasado esplendor.
Del convento podríamos hablar mucho y bien, de su artístico trazado y su belleza, pero lo que más me impresionó fue el techo mudéjar del presbiterio y la majestuosidad de la escalinata que asciende a dicho presbiterio.
| Parte del techo mozárabe |
| Escalinata hacia el altar mayor |
El monasterio de Santa Isabel la Real es el monumento más importante del Albaicín en
el que destaca su portada trazada por Enrique de Egas en estilo gótico
flamígero, en la que podemos observar los emblemas del Yugo y las Flechas de los Reyes Católicos . En contraposición su campanario es de estilo morisco.
En todo el conjunto se nota que la mano de obra, los alarifes, era morisca.
En todo el conjunto se nota que la mano de obra, los alarifes, era morisca.
| Portada de la capilla de estilo Isabelino y torre mprisca |

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